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miércoles, 26 de diciembre de 2012

268.

La brisa en mi rostro me recordaba que todavía estaba viva. El recuerdo de la ropa que llevabas el día que nos conocimos no había sido todavía borrado de mi desastrosa mente. No tenía tabaco ni dinero para comprarlo en algún estanco cuando vi a un señor ,que pedía delante de la Iglesia de San Pablo, con un cigarro en la mano. No me lo pensé dos veces cuando fui hacia él para pedirle uno de esos que hacían que todo se volviese más calmado y pudiese huir tan solo uno o dos minutos de la realidad que odiaba. Me lo dio y me sentí en deuda con él aunque solo pude darle 10 céntimos en aquel momento, me deseo unas felices fiestas, ja, que ingenuo, para mi las fiestas siempre serían malas. Yo en cambio, le desee que fuese feliz a lo que él me correspondió con una sonrisa. Durante veinte segundos me sentí menos vacía. Ojala fuese tan fácil hacerme sonreír, ojala fuese tan fácil hacer sonreír a las personas.

domingo, 9 de diciembre de 2012

267.

Me encontraba de pie enfrente a algo que parecía un espejo. Físicamente estaba allí, pero mentalmente moría en melancolía. Bueno, melancolía y un extraño mareo seguido de unas nauseas horribles. No lloraba, es más, me reía. Me reía de mi, de todo lo que había hecho y de como había hundido mi vida de tal manera que, no sabía salir de aquel abismo. Me vi obligada a tirarme en el suelo porque sentía como todo se tambaleaba. Allí estaba, sobre mi abrigo, pero tampoco comencé a llorar. Grité. Como nunca, pidiéndole al aire el derecho de que las cosas fueran a mejor, sabiendo que no iba a obtener respuesta. Y así fue, silencio. Me puse los cascos, busqué alguna canción triste y cuando sentí que estaba mejor, huí. Salí corriendo de aquel baño y entré en la primera cafetería que vi vacía. Recuerdo aquel café con leche que pedí, lo caliente que estaba y lo mucho que ayudo a mi mente a centrarse. Cuando salí de ahí me pregunté cual sería mi próxima parada y recordé que el Opencor estaría abierto y así podría coger otro café, de estos fríos. Y así fue, yo con mi sudadera negra, en un banco, tomándome ese café, me di cuenta de que todavía estaba viva, de que no podía rendirme como había pensado anteriores veces. Que lo mío era eso de vivir dos días, morir y resucitar al siguiente. Morir y resucitar y comenzar a aprender a ser fuerte, señores.

jueves, 29 de noviembre de 2012

266.

Un clavo quita otro clavo. Una persona desaparece para dar paso a otra. Un amor por otro. Algún beso inolvidable se ve sustituido por el de algunos labios nuevos pero no mejores. ¿El dolor? El dolor no desaparece. No se intercambia. No se sustituye. Se queda dentro y se esconde como una aguja cuando se cae al suelo. Se hace invisible. Pero siempre, si rebuscas vuelve a salir. Se vuelve a hacer visible. Puedes quemar fotos, cartas, notas. Puedes borrar su número, los mensajes, las conversaciones. Pero no puedes construir una máquina del tiempo. Si. Esa que tantos hombres desearían inventar para poder remendar todos esos errores que pesan en la espalda como una mochila llena de libros. Y yo sentada en frente del ordenador lo único que hago es intentar buscar una forma de olvidar el pasado sabiendo que es imposible. Sabiendo que un clavo no quita otro clavo, se juntan y hacen una montaña que luego se caerá porque estarán mal colocados y uno tras de otro.

lunes, 26 de noviembre de 2012

265.

''Shadows settle on the place, that you left. Our minds are troubled by the emptiness. And if you're still breathing, you're the lucky ones 'cause most of us are heaving through corrupted lungs. Collecting names of the lovers that went wrong. And if you're still bleeding, you're the lucky ones
'cause most of our feelings, they are dead and they are gone. Well I've lost it all. I'm just a silouhette, 
a lifeless face that you'll soon forget. My eyes are damp from the words you left. Ringing in my head, when you broke my chest. And if you're in love, then you are the lucky one 'cause most of us are bitter over someone. Setting fire to our insides for fun to distract our hearts from ever missing them.
But I'm forever missing him.''

264.

Me sentía en la cima del mundo, como si todos aquellos edificios y toda esa gente permaneciese en una realidad paralela a la mía. Tú estabas aquí a mi lado, hablábamos de cosas sin importancia, de nuestras cosas, de pastores alemanes. ¡Qué bien y segura me sentía!. Un hombro sobre el que llorar, me dije. Aunque ese día no lloraría, te tenía a mi lado.

263.

Como añoraba el verano me había dicho hoy, ayer y hace una semana. Mientras miraba por la ventana viendo lo temprano que anochecía y las gotas de la lluvia que descendían por la ventana recordaba aquellas mañanas de paseos por la playa cuando nada importaba. Donde el tiempo no pasaba ni el dolor existía. Ojala pudiese salir de estas cuatro paredes, salir o revéntarlas. Dejar de estudiar por un momento, un segundo sin preocupaciones sobre si tengo que entregar un trabajo o sobre tener que levantarme a las siete de la mañana. Correr hasta quedarme sin respiración y cuando eso ocurriese gritar, saltar, llorar, bailar. Sonreír. Pero no puedo, por ahora no, pero, como una vez me dijeron, estamos aquí esperando que llegue algo por lo que esperar. Así que seguiré esperando.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

262.

Bajaba por las frías escaleras como acostumbraba a hacer todos los días, a no ser que decidiera no ir a clase. Siempre esperaba ansiosa que tocase el timbre aún pasándolo bien en clase. Siempre salía la primera en clase para llegar antes que nadie abajo y así poder cruzarme contigo. Siempre te miraba disimuladamente para que no creyeses que todavía me importabas. Siempre, siempre y más siempre. Eso solo consiguió crear en mi un sentimiento de rabia hacia esa palabra. Hacia el hecho de que no hay nada que dure para siempre. Las canciones se terminan aún poniéndolas una y otra vez, ya que la batería se acaba. El morbo se acaba. Las lágrimas hacen paso al cansancio. Hoy salí a la calle y note la brisa en la cara. La brisa de un nuevo día no, eso sabía que no era posible, sabía que todavía me quedaban cosas por atar para poder sentirme bien de nuevo. Era la brisa de que las cosas que tanto me han hecho sufrir e incluso sonreír estos meses, este último año, se han ido para dar paso a cosas nuevas que debo de descubrir. Que debo de buscar y dar valor. Que debo construir. Que no debo destrozar, que no debo permitir que me hagan daño. De cosas nuevas que también se irán pero que todavía tienen que pasar por mi vida. Y mientras espero, tengo miedo, miedo de que lo que venga me haga daño. Miedo de no saber ser feliz.